FondoJungla

Sobrevolando Sombraverde

Nos acomodamos como pudimos en el artilugio que Minerva había modificado para nosotros. Se enorgullecía de haber adquirido lo que ella llamaba un «nivel de consciencia superior dentro de la lucidez». Fue cuando conocí a Valdés. Era un tipo alto y musculoso, muy callado y con la piel de todo el cuerpo quemada. Mientras May nos contaba su historia, Minerva Cero y él habían terminado de acoplar los asientos, modificados con aerena. Las hélices y el motor también habían sido reforzados en tiempo récord, algo que solo podía hacerse en sueños, por supuesto.

Nos elevamos sobre Sotopeña y entonces me fijé en la cara de preocupación de mis compañeros humanos. Algo me hizo estremecerme y cogí la mano de May, que me miró con una sonrisa triste y me la apretó con cariño. La pequeña villa estaba sumida en el caos temporal más absoluto. Los edificios y el mobiliario urbano estaban superpuestos unos sobre otros como si ocupasen el mismo espacio, pero eso generaba unas fricciones se cristalizaban en grietas violetas, como si una cantidad enorme de trozos de cristal estuviese por todas partes. Era como mirar un gigantesco espejo roto. Lo peor era que se veía a mucha gente, y también a kabus, encerrados en bucles de sufrimiento extremo, por ejemplo quemándose en un fuego o siendo aplastados por el derrumbamiento de una pared.

El cuadricóptero ganó altura y salimos de la cúpula de cristales fragmentados que era la villa de Sotopeña. Solo entonces May desactivó el rubí y lo guardó. La distancia nos permitía ver «la circunstancia de multitiempo» como si una cúpula de cristales rotos de bordes violetas hubiese descendido sobre el lugar. A lo lejor podía verse el observatorio, el lugar a donde nos dirigíamos.

-Minerva, ¿Puedes contarnos ya qué ha pasado aquí?
-Tened en cuenta que son solo especulaciones, pero creo que el mini Reloj Cuántico ha dado un campanazo que ha desestabilizado el tiempo. Eso explicaría la forma de cúpula del efecto.
-¿Qué es un campanazo? -pregunté.
-Es un defecto en el funcionamiento del reloj -explicó Minerva-. Cada vez que el reloj de aerena gira, se produce una onda expansiva que desestabiliza el campo onírico. Es algo normal, me refiero a que es un defecto controlado. Sin embargo, parece que esta vez, debido a que estaba fuera de su eje o quizás a un golpe, el campanazo ha sido diferente. Ni siquiera ha sido más fuerte, es como si hubiese vibrado de una forma que ha cristalizado el tiempo y se ha roto.
-¿Se ha roto el tiempo?
-No se me ocurre una mejor forma de verbalizarlo. En cualquier caso, creo que es algo temporal… valga la redundancia. Me estoy dando cuenta de que nuestro idioma necesita más palabras. Me refería a que creo que de forma natural volverá a la normalidad, aunque no creo que los destrozos causados se auto reparen, la verdad.
-Eso también significa que nos movemos en nuestro propio tiempo ahora, ¿No es cierto?
-Sí y no. El reloj tiene un alcance de varios quilómetros. Estoy casi segura de que abarca casi toda Sombraverde. Desplazar el punto central no hará mucho cambio. Lo que sí es cierto es que después de este campanazo irregular, los flujos temporales van a quedar desestabilizados durante algunos ciclos, por lo que es posible que haya onironautas soñando a más velocidad que otros.
-¿Qué significa eso? -intervino Valdés por primera vez.
-Por ejemplo -explicó May-, en este trayecto hacia el observatorio, para ti pueden ser dos horas de Vigilia y para mí cinco minutos, o al revés, de forma totalmente aleatoria.
-Además, tenemos otro problema -continuó Minerva-. El gremio de los Devotos de la Niebla tenía como objetivo el reloj, además del Aegis. Significa que han perpetrado un ataque frontal contra Tiberio. Es la primera vez que ocurre algo así, y es probable que no se den por vencidos hasta que se hagan con el reloj. Estamos en la obligación de custodiarlo y llevarlo hasta un lugar seguro.
-¿No deberíamos estar volando hacia Palacio de los Deseos entonces? -pregunté-. Estamos adentrándonos más en territorio kabu.
-Por desgracia el nivel de consciencia superior que he adquirido gasta enormes cantidades de aerena, no podría cubrir ni la mitad del camino a P.D. ni aunque fuese sola. Mi esperanza es que podamos pedir ayuda desde el observatorio. Por otra parte, no me arriesgaría a dar un salto de aerena como los que May puede hacer, porque podría producir nuevos campanazos.
-Igualmente, yo estoy seca. No puedo saltar hasta la capital.
-No nos queda otra, entonces. Sigamos rumbo al observatorio.

Al poco rato sobrevolando la jungla, Valdés señaló a la espesura con preocupación. No muy lejos del observatorio, unas columnas de humo se elevaban hacia el cielo con un color antinatural. Era como si una multitud estuviese acampada bajo las copas de los árboles, encendiendo hogueras. Pero el humo tenía un color verduzco, casi como la sombra de la foresta en sí misma. De hecho, se esparcía como una niebla que borraba toda visibilidad a su alrededor, homogeneizando las formas en una amalgama que parecía tragarse todo. La orografía no permitía ver la extensión de la nube de humo, que parecía provenir desde el propio horizonte.

-¿Qué sabéis de los Devotos? -preguntó May.

Se produjo un silencio.

-Nunca he investigado mucho sobre los gremios oscuros -dijo Minerva, que ya había abierto su tableta gráfica-. El propio término «gremios oscuros» con el que el Oniria Times los etiquetó siempre me pareció puro amarillismo, y creía que todo era una inventada. Según un artículo… «los Devotos de la Niebla son una agrupación de fanáticos cultistas que veneran a una entidad oscura conocida como la niebla eterna, de la que creen que es el origen de todas las pesadillas de Oniria. Los Devotos buscan fusionarse con esta entidad para alcanzar la inmortalidad dentro del sueño».
-¿Dice algo de Malvera?
-No, no menciona nada acerca de un líder. Es posible que sea información confidencial.

Poco después alcanzaron la zona del observatorio. El templo medio hundido asomaba por encima de las copas de las palmeras. Muy cerca, una montaña picuda y escarpada, tanto que parecía una gigantesca estalagmita, emergía hacia la altura y se abría en una pequeña explanada sobre la que se encontraba el observatorio. Minerva la usó para aterrizar, pues no podía tomar tierra a nivel de suelo debido a la espesura.

Ahora que lo veían de cerca, el observatorio estaba destrozado, como si hubiese sido saqueado.