Las ruinas junto al observatorio
«Después del encuentro con los multiformas, el grupo parecía más cohesionado -comenzó a relatar May-, así que pensé que todo iría como la seda. El joven Marcus, aunque impulsivo, trataba de comportarse de forma madura, quizás inspirado por la sobriedad de Don Gregorio. Rex y el viejo cazasueños compartían una melancolía, un silencio cómplice, que les hacía parecer hermanos. Ember nos guiaba. Era el que mejor conocía esa parte de Sombraverde. A decir verdad, muy pocos exploradores han pisado esas tierras. Marcus y yo habíamos investigado el Zigurat en una expedición anterior, y de paso habíamos catalogado las ruinas cercanas, pero sin adentrarnos en ellas. Se trata de tres construcciones que parecen templos o lugares de culto con forma de zigurat.
Nuestro destino se encontraba cercano al observatorio, en una zona pantanosa. Las ruinas estaban formadas por varias plataformas de piedra superpuestas, cada una más pequeña que la anterior. A pesar del desgaste, la estructura mantenía un diseño sólido y simétrico. Los muros gruesos, hechos de bloques rectangulares bien ensamblados, mostraban grietas profundas y signos de erosión. La entrada estaba sumergida en las aguas pantanosas. No parecía haber rastros del Asura que había tomado la forma de Marcus.
Con una exploración rápida del perímetro pudimos comprobar que no había ninguna posibilidad de entrada por tierra. Las dos opciones plausibles eran sumergirse en las aguas pantanosas o trepar y forzar una entrada por la parte superior. Marcus y yo sabíamos que estas estructuras suelen ser bastante macizas por la parte superior, aunque Marcus había perdido ese recuerdo. Por lo tanto, nuestra única opción real era la de sumergirnos.
Marcus enseguida se presentó voluntario para la inmersión. Decidimos que Ember, Rex y Don Gregorio se quedarían montando guardia y que entraríamos Marcus y yo. Dejamos los bártulos y las chaquestas, nos descalzamos, y entramos poco a poco en las aguas pantanosas, acercándonos por la parte frontal del zigurat y calculando la profundidad a la que estaría la entrada.
Marcus se sumergió enseguida. Le seguí poco después, después de concentrarme ligeramente en el pensamiento de que no es necesario respirar en un sueño. A pesar de ello, reprimir los impulsos vitales no es tarea fácil. Mis pulmones oníricos trataban de inspirar, y los primeros minutos son muy angustiantes. No había sido fácil convencer a Ember de que la experiencia podía ser peligrosa para él. De alguna forma, su ser onírico sí debía obedecer las reglas del sueño, por lo que necesitaba respirar. ¿O quizás no? No era algo que necesitasen descubrir inmediatamente, pero no me quito de la cabeza el misterio que Ember representa, y el desafío que la propia Humanidad tiene por delante para comprender su mera existencia.
Bajo el agua densa y sucia, la piedra roja del zigurat se veía como una gran mole recubierta de algas y musgo. Aunque la entrada estaba solo a unos pocos metros, el efecto subacuático engrandecía todo. Los rayos de sol apenas calentaban el interior del pantano, pero su sombra arrojada seguía tiñendo de un tono verdoso el entorno.
Marcus ya estaba junto a la puerta. Me hacía señales para indicarme que estaba cerrada. Efectivamente, las algas y el musgo crecían desde hacía muchos ciclos sobre la losa de la entrada. No había sido abierta en mucho, mucho tiempo ¿Significaba que el Asura no había venido a este templo? En cualquier caso, Marcus ya estaba tratando de abrirla. Le hice indicaciones para subir, pero su curiosidad juvenil era más fuerte que su sentido común. Algo se me contagió, así que decidí ayudarlo. Al fin y al cabo, entrar en el zigurat cerrado podría arrojar alguna pista útil sobre el asura. Solo esperaba que no hubiese otro de ellos encerrado ahí dentro.
Al igual que el gran zigurat en el que habíamos estado anteriormente, este también tenía un mecanismo escondido entre los intrincados grabados de las jambas. En el momento en el que lo activamos, el agua comenzó a inundar el interior, que había permanecido sellado hasta ese momento. El efecto de succión nos arrastró abruptamente hacia el interior. Me golpeé la cabeza y la espalda, y me mareé bastante durante unos momentos, de hecho estuve a punto de despertarme, pero no fue en ese momento en el que sucedió. Cuando me di cuenta, estaba flotando y tosiendo. La oscuridad nos rodeaba y solo podíamos oír nuestras voces. Alcanzamos un suelo y salimos del lodazal. Entonces Marcus encendió una burbuja de aerena que flotó sobre la palma de su mano, iluminando el entorno del color escarlata tan familiar en oniria. Las propias piedras del zigurat parecían reaccionar al color rojizo de la burbuja como si cobreasen vida propia, como si ellas mismas también comenzasen a brillar con un ténue flujo de color.
Estábamos en una sala de tamaño intermedio, con columnas que terminaban en hojas de palma toscamente talladas. La mitad del suelo estaba hundido en el agua, y olía a humedad y moho. Una miríada de raíces recorría las paredes y quebraba en algunos puntos la piedra.
La estructura interna no era muy diferente de la del anterior zigurat, aunque el agua impedía explorar con facilidad. Los grabados en las paredes eran muy similares, era evidente que la civilización y la época eran la misma. Según Ember, esta civilización no era nirmana, o no exactamente, aunque aún no sé qué había querido decir. A mis ojos, no eran diferentes de los que se encuentran en Palacio de los Deseos, aunque seguramente algún experto podría encontrar diferencias que yo no veía. Nos dirigimos a la zona donde debería haber una sala ceremonial donde pudiese alojarse un asura, o donde pudiésemos encontrar quizás grabados sobre los Exú. Como el templo era más pequeño, todo estaba mucho más cerca. Efectivamente encontramos una puerta que debía haber estado sellada hace tiempo, pero que ahora estaba derruida. En su interior encontramos algo parecido a una momia. Se trataba de un cuerpo humanoide acurrucado en una pared. A su alrededor, las paredes parecían haber tenido frescos como los del gran zigurat, pero estaban completamente echados a perder y no se podía extraer ninguna imagen clara.
Nos acuclillamos frente a la momia. Después de un minucioso estudio, determinamos que muy probablemente se trataba de un asura como el del otro zigurat, o mejor dicho, de los restos del mismo. Vestía con algunos atributos de Exú, como una falda roja. Creo que probablemente la civilización que construyó los zigurats los retenía de alguna forma para forzarles a hacer algo. Es posible también que los venerasen como dioses, como los Exú mismos, y que les ayudasen a conseguir poder a cambio de esclavizarlos. Lo que no pudimos averiguar es por qué uno pudo sobrevivir y otro no. En cualquier caso, no había rastro del que estábamos persiguiendo».
-¿Qué pasó entonces? -pregunté.
-Nada, me desperté poco después, antes de poder salir.
Vi que May fruncía el ceño, en un gesto de duda poco habitual en ella.
-¿Qué ocurre?
-¿Sabes? No estoy muy segura de lo que pasó al final… el despertar fue muy abrupto porque me estaban atacando en Vigilia, pero… -Minerva y yo quedamos espectantes-, pero recuerdo a Marcus gesticulando.
-¿Quizás te estabas desmaterializando?
-No… no gesticulaba hacia mí, estaba de espaldas a mí. Creo que había alguna especie de temblor, o un ruido… tengo sensaciones muy difusas.
-Tendremos que ir a comprobarlo por nosotros mismos -dijo Minerva-. Minerva Cero ya ha terminado de reparar el curadricóptero. Y ahora tiene cuatro plazas.